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23 Março 2026
Monseñor Oscar Romero Vive

 

Y si hay algún católico que duda de la palabra del obispo y va diciendo por allá a voces: «Que se defina el señor obispo».

¡Estoy bien definido, hermanos! Ustedes son los que tienen que definirse” (Homilía 2 de abril de 1978).

 

Cada 24 de marzo, la Iglesia hace memoria de San Oscar Romero. El obispo que vivió con radicalidad el seguimiento de Jesús, especialmente en la denuncia profética que le costó la vida.

Sin embargo, él con auténtica humildad, estaba dispuesto a dar la vida por el pueblo salvadoreño, que vivía en aquella época, la represión militar, la desigualdad social, la injusticia, el comienzo de la guerra civil, toda una crisis sociopolítica.

Romero, era un sacerdote conservador y al inicio de su episcopado su línea eclesiológica iba más en esa dirección, eso favorecía a la oligarquía y al sector conservador de la Iglesia salvadoreña.

Sin embargo, la muerte de su amigo, Padre Rutilio Grande, defensor de los campesinos pobres, asesinado en una emboscada, marcó un giro total a su vida y vocación.

Esa expresión de estar definido, pudo exclamarla sin duda alguna, en una de sus homilías, pues el pastor salvadoreño, sí estaba definido de su opción fundamental: El Reino de Dios, y todo lo que eso conlleva. La búsqueda de justicia, la defensa de los derechos humanos, la opción preferencial por los pobres.

Alzar la voz y buscar caminos para que esos valores del reino acontecieran, le llevó al extremo de su “Sí” a Jesús.

Esas palabras afirmativas de saberse defino en su vocación y luego en la postura que implicó su opción por los pobres, hoy nos provoca también.

En un contexto donde las guerras, las desigualdades sociales, esa cultura del descarte que tanto denunció el papa Francisco, nos coloca bajo el umbral de tomar postura en esas realidades desde nuestra cotidianidad y misión.

¿Quién puede afirmar hoy esa expresión? Cuando las palabras pueden decir mucho, pero el testimonio puede ser lo contrario.

Nuestra vocación cristiana y religiosa vive también un tiempo de crisis, donde el miedo, la inseguridad, la indiferencia y comodidad puede alejarnos de la opción fundamental.

Romero hizo un camino de conversión, de un sacerdote conservador, privilegiado y acomodado, pasó a vivir la cotidianidad del pueblo, sufrió con el pueblo, la llama de su vocación creció.

Que nuestra vocación, que inició con esa llama encendida, no se apague, que cada día encienda más, que los diferentes contextos, cerca o lejos de nosotras, encienda con más fuerza nuestra opción por Jesús de Nazaret y su proyecto. Y que podamos decir con Romero:

“Estamos definidas en nuestra vocación y compromiso cristiano”

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  • Fonte da Notícia: Hermana Gabriela Lourdes Noj Nij